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“Debemos seguir trabajando para construir el templo de la paz”. Andrew Cordier: Hermanos Pacificadores

Andrew Cordier hizo muchas cosas grandiosas en su vida, pero no mucha gente reconoce su nombre. Un artículo sobre Cordier que fue publicado en el año 1995 en la revista Messenger de la Iglesia de los Hermanos decía esto sobre Cordier: “Él no fue uno de los ocho 'santos' de los Hermanos retratados como reclamantes del llamado en la reciente Conferencia Anual de Charlotte. Nunca ha sido romantizado como Dan West, MR Zigler o Anna Mow. Muchos Hermanos hoy ni siquiera reconocen su nombre. Pero Andrew W. Cordier merece un lugar en el panteón de los Hermanos”.1 Cordier hizo muchas cosas por el mundo; la más importante fue su papel en la fundación de las Naciones Unidas, una organización que continúa teniendo efectos en el mundo hoy. Tristemente, su nombre ha caído en la oscuridad. Es hora de que el nombre de Andrew Cordier regrese a los libros de historia, y el mundo debería agradecer a este gran hombre de Canton, Ohio.

El desafío de la vida en un campamento militar para la Iglesia de los Hermanos durante la Primera Guerra Mundial

Cuando Estados Unidos entró en la Primera Guerra Mundial en abril de 1917, la Iglesia de los Hermanos enfrentó un desafío significativo a su testimonio de paz. La postura tradicional de paz de los Hermanos los oponía a la definición de patriotismo de la sociedad estadounidense, que consistía en hacer todo lo posible para apoyar la guerra (incluyendo luchar en Europa, comprar bonos de guerra, apoyar a la Cruz Roja, etc.). ¿Cómo podían mantenerse fieles a su postura de paz en una época de histeria bélica nacional? ¿Podían mantener su no resistencia y al mismo tiempo demostrar su lealtad a Estados Unidos? En ningún otro lugar este desafío fue más evidente que para los Hermanos en campamentos militares tras el inicio del reclutamiento en junio de 1917.

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