Hace poco, de madrugada, me despertó el sonido de bombas que estallaban a cierta distancia. Al otro lado de la frontera, en la República Democrática del Congo, hay frecuentes enfrentamientos entre rebeldes y fuerzas gubernamentales. No es raro oír disparos y explosiones. No corremos ningún peligro inminente, pero saber que otros se enfrentan a la muerte y la destrucción es, como mínimo, desconcertante.