Un punto de referencia y de refugio




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Los Líderes de la Iglesia de los Hermanos, ante las olas de tiroteos, y violencias que ha sacudido nuestra Nación, pronunciaron las siguientes declaraciones’ firmada por Carol A. Scheppard, quien es la Moderadora de la Conferencia anual, Samuel Sarpiya, Moderador electo de la conferencia anual, y Dale E. Minnich, Secretario general interino de la Iglesia de los Hermanos; Las declaraciones completas son las siguientes:

Cuando los lamentos no son suficientes:

La Iglesia de los Hermanos declara:

Nosotros nos hemos reunidos en oración con nuestros corazones cargados, y rotos. Nuestro duelo, refrescado por aquellos que han muerto en la última semana, es parte de largos lamentos. Otra vez estamos orando con las familias que han perdido un niño, un padre, una esposa, un amigo. Nosotros estamos orando por las familias de la raza negra, que han perdido un ser querido por la violencia policía. Estamos orando por aquellos que temen que algún día esto podría pasarle o pudiera ser su familia, y estamos orando por las familias de los policías que fueron atacados y asesinados mientras estaban trabajando para asegurarse de que una vigilia pacífica pudiera ser realizada.

En realidad, nosotros estamos orando por nosotros mismos, por nuestra nación atrapada en un ciclo de violencia racial. Se nos pide perdonar y ser perdonados, a pesar de que apenas entendemos nuestras transgresiones.

Nosotros, los Hermanos somos personas quienes expresamos nuestra fe cristiana a través del trabajo, de reparación de viviendas, la construcción de escuelas, re-emplazando tuberías, alimentando a los hambrientos, vistiendo a los desnudos, y lavando los pies de los demás. A lo largo de nuestra historia, esto es a menudo la forma en que hemos demostrado la paz. Hoy en día, no sabemos cómo ser portadores de paz para nuestro país, cuando la fuente de la violencia parece tan impredecible y como una tormenta la cual parece estar destinada a venir otra vez.

Hay una guía en nuestra propia historia: Hace solamente un poco más de 150 años, el país se vio envuelto en una lucha a muerte sobre las razas. Los Dunkers (como se les conocía en esos tiempos), sumergidos en las Escrituras y en el estudio de los asuntos que tenían que ver con aclarar dos cosas: que estaban en contra de la esclavitud y en contra de todas las guerras. Como para probar estas convicciones, aparentemente contradictorias, la batalla más sangrienta se libró sólo a yardas de las puertas de la iglesia de los Dunkers en Antietam. Los comandantes elaboraron planes de ataques utilizando la casa de reunión, (Iglesia) como un punto de referencia para sus movimientos de tropas. La violencia era indiscriminada y reclamó la Unión y los soldados de la Confederación, los esclavos, y los propietarios de los esclavos, y después el azul y el gris se volvieron en sangre roja, y la casa de reunión se convirtió en un hospital. Cuando las congregaciones de los Dunkers fueron capaces de volver a sus iglesias donde celebraban sus servicios, se encontraron con, que las paredes de sus iglesias fueron acribillada a balazos y sus bancos y pulpitos manchados permanentemente con sangre.

The small Dunker Church on the Civil War battlefield at Antietam is a symbol of the calling of the Brethren--to be a landmark of refuge during a time of violence.
Photo by Joel Brumbaugh-Cayford

The small Dunker Church on the Civil War battlefield at Antietam is a symbol of the calling of the Brethren--to be a landmark of refuge during a time of violence.
La pequeña iglesia de Dunker en el campo de batalla de la guerra civil en Antietam es un símbolo de la vocación de los Hermanos - para ser un punto de referencia de refugio durante una época de violencia.

A pesar de que no estamos en una gran guerra civil, estamos en tiempos de gran guerra civil de violencia. Nosotros no estamos divididos por líneas geográficas, como el norte o el sur. O líneas políticas como la Unión de los Confederados. Pero nosotros todavía estamos divididos por las razas. Nuestras imaginaciones han sido anémicas, debilitadas, atreves del miedo, comodidad, y las estadísticas envueltas en las ventajas políticas. Nuestros corazones han sido endurecidos por la continua dieta de los comentarios de los medios de comunicación finamente deformados como noticias, que rebaja cada persona que sea diferente a nosotros.. Sin embargo, estas divisiones borran el matiz común de la sangre derramada en la violencia y se desvanecen cuando nos enfrentamos al llamado de Cristo a amar y servir a todos nuestros vecinos.

En este tiempo de aumento en la violencia, los Hermanos pueden ser otra vez un punto de referencia, de refugio como el brillo de las simples paredes de la casa de reunión, Dunkers en el campo de batalla de Antietam. No es suficiente para añadir una almohadilla o publicar un artículo en Facebook, hay que volver a las Escrituras que son las que nos informan sobre cómo hacer el trabajo de cuidar de aquellos que están hambrientos, desnudos, y los prisioneros. Debemos identificarnos con la viuda, el huérfano y el extranjero en nuestra sociedad. Las Escrituras nos recuerdan a los cristianos anteriores en el poder históricos y culturales que los había definidos y divididos como Judíos, Gentiles, Esclavos y Amos. Hoy en día necesitamos hacer discípulos que sean capaces de reconocer la profundidad de los poderes y principados de la injusticia racial que han herido físicamente y espiritualmente nuestro país .Necesitamos entender que es lo que nos mantiene atrapados en este ciclo de violencia y necesitamos buscar en nuestras almas por el significado de poner la otra mejilla, ir la extra milla, y lavar los pies de los demás.

A medida que continuamos reuniéndonos en oración durante las próximas semanas y meses, tenemos la oportunidad de hacer el trabajo de discipulado que es lo que nos prepara para ser promotores de paz para poder hacer frente a lo que se relata acerca del miedo y la violencia. A pesar de que estamos en medio de esta tormenta, nosotros vamos a ser un lugar donde la sanidad y la paz, sean posible, donde la gente pueda nombrar sus miedos, y donde podamos atender a las heridas espirituales, y físicas de los unos a los otros. Por esto es que continuamos haciendo la obra de Jesús, dándonos a conocer como un pueblo que puede vivir en paz, simple, y juntos.

Carol A. Scheppard, Moderadora, de la Conferencia Anual de la Iglesia de los Hermanos
Samuel Sarpiya, Moderador Electo, de la Conferencia Anual de la Iglesia de los Hermanos.
Dale E. Minnich, Secretario General Interino, Iglesia de los Hermanos.

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